Ética empresarial en la niñez

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“No hagas a otros lo que no quieras que te hagan”. Con esa frase mi hijo me demostró que otra cultura empresarial en Nicaragua es posible.

A su corta edad mi hijo ha emprendido un negocio. Es simple, pero le funciona. Tiene el apoyo de sus padres. Él se encarga de realizar intercambios de video juegos; ya sea que los intercambie por otros que son de su interés, o bien los venda a un precio muy inferior al que pago por ellos nuevos pero obteniendo un margen de ganancia que le permite ahorrar para su próxima compra. A este tipo de negocios le llaman “economía compartida” (en otra entrada les comento un poco mi experiencia acá en Nicaragua) o “sharing economy”.

En fin, mi hijo logró contactar con 2 chicos diferentes para realizar en un primer caso, intercambio, y en el segundo una venta. Sin embargo al chico que le vendería uno  de sus juegos le interesaba uno de los juegos que ya había escogido el chico con quien intercambiaría otro. El comprador del juego le ofreció una suma mayor con la cual mi hijo solo tenía que conseguir una fracción mucho menor para adquirir un juego nuevo; sin embargo su respuesta fue NO.

Le pregunté acerca de su decisión de negarse a esa venta, que le dejaría una ganancia mayor que con el simple intercambio; su respuesta: “mala onda papá, yo no quisiera que me hicieran lo mismo. Además ya había comprometido mi palabra, así son los negocios”.

Una gran sonrisa me inundó.

Transporte público y calidad: un asunto de vida o muerte

“Oh señora mía, oh madre mía, yo me ofrezco enteramente a ti y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra todo mi ser, ya que soy todo tuya. Oh madre de bondad, guárdame y defiéndeme”

Estas fueron las últimas  palabras que escribió Silvia Elena Tinoco antes de abordar el bus de la ruta Managua-Juigalpa el pasado 11 de diciembre; después de eso, Silvia, con al rededor de 5 personas más perdieron la vida en ese viaje.

Según los reportes de la policía en el peritaje avexis determinaron que el “accidente” se produjo por un ponchón de llanta, lo que provocó que el autobus se volcara por un precipicio.

Es común ver involucrado al sector del transporte público en “accidentes” de esta naturaleza; siempre falla algo, las llantas, el motor, los frenos, los ejes, lo que sea.

La calidad

La calidad no es un eslogan de campaña publicitaria. La calidad es una serie de mecanismos que deben ser garantizados por las empresas, indistintamente si son públicas o privadas, dirigidas a garantizar el mejor servicio o los mejores productos a sus clientes. La calidad son parámetros creados para mejorar los procesos de trabajo que dan origen a esos servicios y productos, hacer competitivas a las empresas.

El transporte público es un servicio vital en nuestro país y una de las actividades económicas más rentables directamente vinculadas con la calidad de vida de la ciudadanía. La norma UNE-EN 13816 (aplicación voluntaria) de Transporte público de pasajeros proporciona directrices a operadores del transporte para que asuman compromisos de calidad en la prestación de su servicio, con el fin de satisfacer las expectativas de la ciudadanía. La calidad debe asumirse observando e implementando mecanismos que busquen garantizar el cumplimiento en ocho ámbitos: tiempo, confort, información, accesibilidad, seguridad, servicio ofertado, atención al cliente e impacto ambiental.

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Por tanto cada operador de transporte debe, si quiere ser competitivo y ampliar las oportunidades para su empresa, garantizar que la ciudadanía obtenga el mejor servicio posible y que al abordar esas unidades de transporte estén seguros de que llegarán a su destino sanos y salvos.

Nada cuesta a estos empresarios del transporte organizar su empresa para chequear de manera estructurada el servicio que brindan. El estado mecánico de las unidades y la atención al cliente es fundamental para brindar un servicio de calidad. Al contrario, nos cuesta a la ciudadanía la vida y los recursos, pues el sector transporte es uno de los sectores empresariales más subsidiados en el país, esos subsidios provienen de nuestros impuestos, por lo tanto es deber de la ciudadanía exigir la calidad en el transporte público dado que no lo exigen las instituciones públicas que regulan el sector o bien por la ineficiencia de estas instituciones no se exige (algunos Estados exigen estándares de calidad en los servicios públicos)

Doña Silvia y muchas víctimas más de estos “accidentes” no hubieran perdido la vida si los empresarios del transporte hubieran brindado un servicio de calidad o garantizado tal servicio por instituciones eficientes.